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Cruzamos el istmo con el club Frontier Adventure Panamá

Parecía un fin de semana tranquilo, no hay nada complicado en cruzar el istmo de Panamá y menos en un Nissan NP300 Frontier. Excel Automotriz nos invitó a acompañarlos junto al club Frontier Adventure Panamá a una expedición que llamaron Ocean 2 Ocean, recorriendo una ruta desde Colón hasta el Valle de Antón. En lo personal, no tenía claro cuál sería el camino, este tipo de viajes no es algo que frecuento y más allá de los caminos por carretera no entendía como lograríamos salir a Antón.

Arrancamos temprano, el grupo se encontró en la Vía Centenario, para mi sorpresa era un convoy numeroso, más de 20 autos, todos NP300 Frontier listos para la aventura. Había de todo, cabina sencilla, doble cabina, algunos de serie y otros con todas las opciones que había en el catálogo de ‘off-road’. Nos habían dicho que el camino no sería complicado, pero por si las dudas, la NP300 Frontier que nos prestó Excel Automotriz venía con neumáticos todoterreno de mayor diámetro a los de fábrica.

“Excel Automotriz nos invitó a acompañarlos junto al club Frontier Adventure Panamá a una expedición recorriendo una ruta desde Colón hasta el Valle de Antón”

El club Frontier Adventure Panamá tiene aproximadamente un año y medio de haberse creado. Su grupo tiene en común la pasión por la aventura, y por explorar distintos caminos de Panamá. Además de sus recorridos, que organizan con una frecuencia trimestral, también utilizan sus vehículos todoterreno para visitar comunidades de difícil acceso para realizar labor social. El grupo ha logrado el reconocimiento de Nissan por lo que se han convertido en un grupo oficial.

Una vez estaban todo el grupo preparado salimos a Colón, tomando el camino hacia Escobal y pasando por Cuipo, un poco después se perdía la señal en nuestros celulares y de igual forma, el asfalto de la carretera. La zona comprendida entre los límites de Colón, Coclé y Panamá Oeste está marcada por una compleja red de caminos terciarios, con zonas productivas dedicadas principalmente a la ganadería.

Entre más entrabamos en la ruta, menos idea tenía de donde estábamos. Cada tanto kilómetro aparecía un pequeño poblado rural donde no se veía señales que ningún servicio público, pero típico de la época electoral, no faltan las banderas de partidos políticos y carteles con una gran variedad de candidatos. Un escenario que usualmente no se ve, pero que es parte de la realidad de un país lleno de desigualdades.

Los caminos de tierra se iban complicando, la erosión natural y el tránsito de vehículos a lo largo del tiempo dejaba surcos en el camino, en algunas zonas profundos. Pendientes pronunciadas ponían a prueba el motor turbodiésel de la NP300 y en medio de la nada, lo único que se escuchaba eran algunas aves y el silbido del ‘wastegate’ cuando liberaba la presión del turbocargador. Así nos mantuvimos durante varias horas hasta que hicimos una parada en un cruce sobre el Rio Indio para estirar un poco las piernas y compartir con el grupo.

El camino, si bien en mal estado, es usado por las comunidades locales para salir al pueblo, y por lo productores locales para sacar su mercancía. El único transporte público que vimos fueron ‘pick-up’ cabina sencilla con el vagón adaptado para pasajeros, pero con la alta demanda y poca frecuencia de los vehículos, todos los que encontrábamos cada hora venía incluso con pasajeros en el techo. Una acción temeraria, pero en las precarias condiciones de esta región las opciones son pocas.

El camino era largo, de haber comenzado el viaje a las 9:00 a.m. ya iba cayendo la tarde, con un cielo nublado que amenazaba con dañar los ya maltradados caminos. El convoy se mantenía unido, pero para los que no estábamos acostumbrados a este tipo de aventuras, ya estábamos ansiosos de encontrar el camino a nuestro destino. A medida que caía la noche, una suave llovizna nos alcanzaba mientras cruzábamos la ruta de montaña, las luces de las ‘pick-up’ eran lo único que iluminaba el camino.

Eran las 7:00 p.m. cuando un lugareño nos indicó que estábamos a 45 minutos del Valle de Antón, por lo que apresuramos el paso, saliendo de los caminos estrechos a una zona donde ya se veía el trabajo de maquinarias sobre el camino, pero con gravilla suelta y tierra, aunque pasamos caminos con cierta dificultad, fueron pocas las veces que necesitamos utilizar la 4Hi y cuando lo hicimos principalmente fue para aprovechar mejor de las capacidades de la NP300.

“La próxima expedición del club Frontier Adventure Panamá será en los próximos meses a cima del Volcán Barú”

Al final, pasamos por el camino unas diez horas, entre un giro que dimos mal y nos sacó de la ruta y las paradas sociales que se hicieron para compartir y mantenernos actualizados de lo que sucedía. Al llegar al hotel, una cena bajo las estrellas nos esperaba, algunos llegamos antes y otros rezagados unos minutos después, pero todos completamos la jornada.

La próxima expedición del club Frontier Adventure Panamá será en los próximos meses a cima del Volcán Barú, para los aficionados de la marca y de las aventuras que deseen unirse pueden contactarlos a su Instagram @np300pty o a través de los vendedores de Nissan en el concesionario.

 

About Benjamin Chellew

Dedicado al periodismo de los motores con estudios de Mecánica Automotriz en la Universidad Tecnológica de Panamá. Emprendedor, Car Guy y aficionado a los deportes

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